8 ago. 2007

Las mareas

Son las seis y la megafonía, describiendo a un niño perdido, hace de despertador improvisado de una siesta que se alargaba demasiado. Un poniente suave mitiga el calor que azota sin piedad, la bajamar ya comenzó, descubriendo así una nueva playa de arena mojada por el mar. Es como si la playa sufriera de doble personalidad, la pleamar, seca, incomoda, apretada, antipática, la bajamar por el contrario húmeda, espaciosa y más alegre, descubre el gran parque urbano que en Cádiz no es verde, sino de arena mojada. El horario de la acción gravitatoria entre el sol y la luna que hace ascender o descender las aguas oceánicas periódicamente, es lectura obligada del Diario, en su sección de Marítimas, mi abuela siempre empezaba el Diario por atrás, primero las esquelas, luego las mareas…a lo demás le daba un repaso.
A lo lejos cantan las bolas, el sesenta y sai, sai, sai; el noventa y do, nueve , do; el diesiosho, uno, osho. Es la hora del bingo. Un grupo de orondas señoras hacen un corrillo con sus hamacas. Con la marea baja, la playa también despierta de su siesta. Los niños corren hacia la arena mojada, los castillos esperan.

1 comentario:

David Saltares dijo...

Muy buena crónica de un despertar playero. Las marías jugando al bingo la megafonía con el niño perdido de turno, la siesta hasta las 6 de la tarde... Jejeje.
Saludos!